lunes, 22 de abril de 2013

50 Sombras de Grey- Capitulo 2


Mi corazón está latiendo con fuerza. El ascensor llega al primer piso y me apresuro a salir tan pronto como las puertas se abren, tropezando una vez, pero afortunadamente sin caerme en el inmaculado suelo de piedra arenisca. Corro por las anchas puertas de vidrio y estoy libre en el fresco, limpio y húmedo aire de Seattle. Levantando mi rostro, doy la bienvenida a la refrescante  lluvia. Cierro mis ojos, tomo una profunda y purificante respiración y trato de 
recuperar lo que queda de mi equilibrio. 

Ningún hombre me ha afectado de la manera en que Christian Grey lo ha hecho y no 
puedo entender por qué. ¿Es su aspecto? ¿Su educación? ¿Riqueza? ¿Poder? No 
entiendo mi reacción irracional. Exhalo un gran suspiro de alivio. ¿Qué, en nombre de 
los cielos, fue todo eso? Apoyada en uno de los pilares de acero del edificio, intento 
valientemente calmarme y ordenar mis pensamientos. Sacudo mi cabeza. Santa 
mierda, ¿qué fue eso? Mi corazón se estabiliza a su ritmo regular y puedo respirar 
normalmente de nuevo. Me dirijo al automóvil. 

Mientras dejo los límites de la ciudad atrás, me empiezo a sentir estúpida y 
avergonzada al reproducir la entrevista en mi mente. Sin duda estoy reaccionando 
exageradamente a algo que es imaginario. Bien, así que es muy atractivo, seguro, 
dominante, a gusto consigo mismo… pero por otro lado, es arrogante y debido a sus 
modales impecables, es autocrático y frío. Bueno, en la superficie. Un escalofrío 
involuntario corre por mi columna. Puede ser arrogante, pero entonces tiene derecho a 
serlo: ha logrado tanto siendo tan joven. No soporta a los tontos, pero ¿por qué habría 
de hacerlo? De nuevo, me irrita que Kate no me diera una breve biografía. 

Mientras me desplazo por la I-57 mi mente continúa vagando. Estoy realmente perpleja 
en cuanto a lo que hace que alguien esté tan motivado para tener éxito. Algunas de sus 
respuestas fueron tan crípticas, como si tuviera una agenda escondida. Y las preguntas 
de Kate ¡ugh! ¡La adopción y preguntarle si era gay! Me estremezco. No puedo creer 
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7 I-5: Carretera Interestatal 5
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que dije eso. ¡Tierra, trágame ahora! Cada vez que piense en esa pregunta en el futuro, 
temblaré de vergüenza. ¡Maldita Katherine Kavanagh!

Compruebo el velocímetro. Estoy manejando con más cautela de lo que lo haría en 
cualquier otra ocasión. Y sé que es el recuerdo de dos penetrantes ojos grises 
mirándome, y una voz severa diciéndome que conduzca con cuidado. Sacudiendo la 
cabeza, me doy cuenta de que Grey es más como un hombre del doble de su edad. 
Olvídalo Ana, me regaño. Decido que, en términos generales, ha sido una experiencia 
muy interesante, pero no debería pensar en ello. Olvidalo. Nunca tengo que volver a 
verlo. Inmediatamente estoy animada por la idea. Enciendo el reproductor de MP3 y 
subo el volumen, me reclino y escucho el golpeteo de la música indie rock mientras 
presiono el acelerador. Al entrar en la I-5, me doy cuenta de que puedo conducir tan 
rápido como yo quiera.

Vivimos en una pequeña comunidad de dúplexs en Vancouver, Washington, cerca del 
campus de la WSU. Tengo suerte: los padres de Kate compraron el lugar para ella y 
pago una miseria de alquiler.Ha sido mi hogar por cuatro años ahora. A medida que 
me detengo afuera, sé que Kate querrá una historia muy detallada y es obstinada. 
Bueno, al menos tiene la mini grabadora. Por suerte no tendré que explicar mucho más 
de lo que se dijo durante la entrevista. 
—¡Ana! Estás de vuelta. —Kate se encuentra en nuestra sala de estar, rodeada de 
libros. Claramente ha estudiado para los exámenes finales, a pesar de que todavía está 
en su pijama de franela color rosa decorado con lindos conejitos, el que reserva para 
después de romper con sus novios, para variadas enfermedades y para estados 
depresivos en general. Avanza hacia mí y me abraza con fuerza—. Estaba empezando 
a preocuparme. Esperaba que regresaras más temprano.
—Ah, pensé que demoré poco tiempo, teniendo en cuenta que la entrevista se 
prolongó. —Muevo la mini grabadora hacia a ella.
—Ana, muchas gracias por hacer esto. Estoy en deuda, lo sé. ¿Cómo fue? ¿Cómo era 
él? —Oh, no... aquí vamos, el Interrogatorio Katherine Kavanagh.
Me esfuerzo por responder a su pregunta. ¿Qué puedo decir?
—Me alegro de que haya terminado y que no tengo que volver a verlo. Fue bastante 
intimidante, sabes. —Me encojo de hombros—. Es muy centrado, incluso intenso y 
joven. Muy joven.

Kate me mira inocentemente. Le frunzo el ceño.

—No parezcas tan inocente. ¿Por qué no me diste una biografía? Me hizo sentir como 
una idiota por limitarme a la investigación básica. —Kate pone una mano sobre su 
boca.
—Caray, Ana, lo siento... no pensé.
Resoplo.
—En su mayoría fue cortés y formal, un poco estirado, como si fuera mayor antes de 
tiempo. No habla como un hombre de veintitantos años. ¿Cuántos años tiene de todos 
modos?
—Veintisiete. Por Dios, Ana, lo siento. Debería haberte informado, pero tenía tanto 
pánico. Entrégame la mini grabadora y empezaré a transcribir la entrevista.
—Te ves mejor. ¿Has tomado tu sopa? —pregunto, dispuesta a cambiar de tema.
—Sí y estaba deliciosa, como siempre. Me siento mucho mejor. —Me sonríe con 
gratitud. Miro mi reloj.
—Tengo que correr. Todavía puedo hacer mi turno en Clayton’s.
—Ana, estarás agotada.
—Estaré bien. Te veré más tarde.
He trabajado en Clayton’s desde que empecé en la WSU. Es la mayor tienda 
independiente de herramientas en el área de Portland, durante los cuatro años que he 
trabajado aquí, he llegado a conocer un poco sobre la mayoría de los productos que 
vendemos... aunque, irónicamente, soy una mierda en HTM8. Dejo todo eso a mi 
papá. Soy más del tipo de chica de hacerse-ovillo-con-un-libro-en-una-cómoda-sillajunto-al-fuego. Me alegro de que puedo hacer mi turno, ya que me da algo en que 
concentrarme que no sea Christian Grey. Estamos ocupados: es el inicio de la 
temporada de verano, y la gente está redecorando sus hogares. La Sra. Clayton está 
encantada de verme.
—¡Ana! Pensé que no ibas a venir hoy.
—Mi cita no duró tanto como pensaba. Puedo hacer un par de horas.
—Estoy realmente contenta de verte.
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8 HTM: Hazlo tú mismo.
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Me envía a la bodega para comenzar a reordenar estantes y pronto estoy absorta en la 
tarea.

Cuando llego a casa más tarde, Katherine está usando los auriculares y trabajando en 
su portátil. Su nariz aún es rosada, pero tiene sus dientes en una historia, por lo que 
está concentrada y escribiendo frenéticamente. Estoy completamente agotada, 
exhausta por el largo viaje, la agotadora entrevista y por salir apresurada hacia 
Clayton’s. Me desplomo en el sofá, pensando en el ensayo que tengo que terminar y 
todo el estudio que no he hecho hoy porque estaba retrasada con... él.

—Tienes algunas cosas buenas aquí, Ana. Bien hecho. No puedo creer que no 
aceptaras su oferta de mostrarte los alrededores. Obviamente quería pasar más tiempo 
contigo. —Me da una fugaz mirada burlona.

Me sonrojo y mi ritmo cardíaco aumenta inexplicablemente. Esa no era la razón, 
¿verdad? Él sólo quería mostrarme los alrededores para que yo pudiera ver que era el 
señor de todo lo que veía. Me doy cuenta que me estoy mordiendo el labio[,] y espero 
que Kate no se dé cuenta. Pero ella parece absorta en su transcripción.

—He oído lo que quieres decir con eso de formal. ¿Tomaste notas? —pregunta.
—Um... no, no lo hice.
—Eso está bien. Todavía puedo hacer un buen artículo con esto. Es una pena que no 
tengamos algunas fotografías originales. Atractivo hijo de puta, ¿no? 

Me ruborizo.

—Supongo que sí. —Trato de sonar desinteresada y creo que lo logro.
—Oh, vamos Ana, ni siquiera tú puedes ser inmune a su apariencia. —Arquea una 
ceja perfecta en mi dirección.

¡Mierda! La distraigo con halagos, siempre es una buena táctica.

—Probablemente habrías conseguido mucho más de él.
—Dudo eso, Ana. Vamos, prácticamente te ofreció un trabajo. Teniendo en cuenta 
que te he endosado esto a último minuto, lo hiciste muy bien. —Levanta la vista hacia 
mí especulativamente. Hago una retirada precipitada a la cocina.
—¿Y qué pensaste realmente de él? —Maldita sea, es curiosa. ¿Por qué no puede 
simplemente dejar pasar esto? Piensa en algo, rápido.
—Él está muy motivado, es controlador, arrogante… realmente aterrador, pero muy 
carismático. Puedo entender la fascinación —agrego sinceramente, mientras la miro 
desde la puerta, esperando que esto la calle de una vez por todas.
—¿Tú, fascinada por un hombre? Esta es la primera vez —resopla.
Empiezo a reunir los ingredientes para un sándwich para que no pueda ver mi rostro.
—¿Por qué querías saber si era gay? Dicho sea de paso, esa fue la pregunta más 
vergonzosa. Estaba mortificada y él también estaba enojado de que se la hiciera. —
Fruncí el ceño ante el recuerdo.
—Siempre que está en las páginas de sociedad nunca tiene una cita.
—Fue vergonzoso. Todo el asunto fue vergonzoso. Me alegro de que nunca tendré que 
posar los ojos en él.
—Oh, Ana, no puede haber sido tan malo. Creo que suena un poco como si le 
gustases.

¿Yo le gusto? Ahora Kate está siendo ridícula.

—¿Quieres un sándwich?
—Por favor.

No hablamos más de Christian Grey esa noche, para mi alivio. Una vez que hemos 
cenado, soy capaz de sentarme a la mesa del comedor con Kate y, mientras ella trabaja 
en su artículo, yo trabajo en mi ensayo sobre Tess de los D'Urbervilles. Maldita sea, 
pero esa mujer estaba en el lugar, momento y siglo equivocado. Para el momento en el 
que termino[ es medianoche y hace mucho que Kate se ha ido a la cama. Me dirijo a 
mi habitación, agotada pero contenta de que he logrado tanto para un lunes.

Me hundo en mi cama de hierro blanco, envolviéndome en la manta de mi madre, 
cierro mis ojos y estoy instantáneamente dormida. Esa noche sueño con lugares 
oscuros, inóspitos pisos blancos, fríos y ojos grises.

El resto de la semana, me sumergo en mis estudios y mi trabajo en Clayton’s. Kate 
también está ocupada, recopilando la última edición de su revista de estudiantes antes 
de tener que relegarla al nuevo editor mientras que también tiene que prepararse para 
sus finales. Para el miércoles ella está mucho mejory ya no tengo que soportar la visión 
de su pijama de franela con demasiados conejos. Llamo a mi madre en Georgia para ver cómo está, pero también para que pueda desearme suerte en mis exámenes finales. 

Procede a hablarme de su última aventura en la fabricación de velas: mi madre es 
aficionada a nuevos proyectos empresariales. Fundamentalmente está aburrida y 
quiere algo en que ocupar su tiempo, pero tiene la capacidad de concentración de un 
pez dorado. Será algo nuevo la próxima semana. Me preocupa. Espero que no haya 
hipotecado la casa para financiar este último plan. Y espero que Bob —su marido 
relativamente nuevo y mucho mayor— mantenga un ojo en ella ahora que ya no estoy 
allí. Parece más centrado que el esposo número tres.
—¿Cómo están las cosas contigo, Ana?

Por un momento, dudo y tengo toda la atención de mamá.

—Estoy bien.
—¡Ana! ¿Has conocido a alguien? —Wow... ¿cómo hace eso? La emoción en su voz es 
palpable.
—No, mamá, no es nada. Serás la primera en saber si lo hago.
—Ana, realmente necesita salir más, cariño. Me preocupas.
—Mamá, estoy bien. ¿Qué tal Bob? —Como siempre, la distracción es la mejor 
política.

Más tarde esa noche llamo a Ray, mi padrastro, el esposo número dos de mamá, el 
hombre al que considero mi padre y cuyo apellido llevo. Es una breve conversación. 
De hecho, más que una conversación, es más como una serie de gruñidos de un solo 
lado en respuesta a mi gentil persuasión. Ray no es hablador. Pero todavía está vivo, 
todavía está viendo fútbol en la televisión, yendo al bowling y a pescar con moscas o 
haciendo muebles cuando no hace otras cosas. Ray es un hábil carpintero y la razón 
por la que conozco la diferencia entre un halcón y un serrucho. Todo parece ir bien 
con él.

Viernes por la noche, Kate y yo estamos debatiendo qué hacer con nuestra noche: 
queremos algo de tiempo fuera de nuestros estudios, de nuestro trabajo y del periódico 
de alumnos… cuando suena el timbre. De pie delante de nuestra puerta está mi buen 
amigo José con una botella de champán.

—¡José! ¡Me alegro de verte! —Le doy un abrazo rápido—. Adelante.

José es la primera persona que conocí cuando llegué a WSU, luciendo igual de perdido 
y solo que yo. Reconocimos un espíritu a fín en cada uno de nosotros ese día y hemos sido amigos desde entonces. No sólo compartimos un sentido del humor, también 
descubrimos que tanto Ray y José Padre estaban en la misma unidad del ejército 
juntos. Como resultado, nuestros padres se han convertido en grandes amigos también.
José está estudiando ingeniería y es el primero de su familia que logra ir a la 
universidad. Es muy brillante, pero su verdadera pasión es la fotografía[. Tiene un gran 
ojo para una buena imagen.

—Tengo noticias. —Él sonríe, sus ojos oscuros pestañean.
—No me digas: has logrado no ser expulsado por una semana más —me burlo y él me 
frunce el ceño bromeando.
—La Galería de Portland Place va a exponer mis fotos el mes que viene.
—Eso es increíble. ¡Felicitaciones! —Muy contenta por él, lo abrazo de nuevo. Kate 
también le sonríe.
—¡Así se hace José! Debería poner esto en el periódico. Nada como cambios 
editoriales de último momento en un viernes en la noche. —Sonríe ella.
—Vamos a celebrar. Quiero que vengas a la apertura. —José me mira atentamente. 
Me sonrojo—. Ambas, por supuesto —añade, mirando nerviosamente a Kate.

José y yo somos buenos amigos, pero sé que en el fondo, le gustaría ser más. Es lindo y 
divertido, pero no es para mí. Es más como el hermano que nunca tuve. Katherine a 
menudo se burla de mí, de que me falta el gen de necesitar un novio, pero la verdad es 
que, simplemente no he conocido a nadie que... bueno, por quien me sienta atraída, a 
pesar de que parte de mí anhela esas rodillas temblorosas , el corazón en mi boca, 
mariposas en mi vientre, noches sin dormir.

A veces me pregunto si hay algo mal en mí. Quizás he pasado demasiado tiempo en 
compañía de mis héroes literarios románticos y por lo tanto, mis ideales y expectativas 
son demasiado altos. Pero en la realidad, nadie nunca me ha hecho sentir así.

Hasta hace muy poco, la desagradable y todavía pequeña voz de mi inconsciente me 
susurra. ¡NO! Destierro el pensamiento de inmediato. No voy a ir allí, no después de 
esa dolorosa entrevista. ¿Es gay Sr. Grey? Me estremezco ante el recuerdo. Sé que he 
soñado con él casi todas las noches desde entonces, pero eso es sólo para purgar la 
terrible experiencia de mi sistema, ¿verdad?

Veo a José abrir la botella de champán. Es alto, en sus pantalones vaqueros y camiseta 
es todo hombros y músculos, piel bronceada, cabello oscuro y ardientes ojos oscuros. 
Sí, José es bastante caliente, pero creo que por fin capta el mensaje: sólo somos 
amigos. El corcho hace un fuerte chasquido, José mira hacia arriba y sonríe.

El sábado en la tienda es una pesadilla. Estamos asediados por personas que quieren 
arreglar sus casas ellos mismos. El Sr. y la Sra. Clayton, John y Patrick, los otros dos 
trabajadores de medio tiempo y yo estamos corriendo. Pero hay un momento de calma 
alrededor de la hora del almuerzo y la Sra. Clayton me pide que verifique algunas de 
las órdenes, mientras estoy sentada detrás del mostrador de la caja discretamente 
comiendo mi bagel. Estoy enfrascada en la tarea, verificando los números del catálogo 
con los artículos que necesitamos y los elementos que hemos pedido, mis ojos 
moviéndose rápidamente del libro de órdenes a la pantalla de la computadora y de 
regreso, mientras corroboro que las entradas coincidan. Entonces, por alguna razón, 
levanto la vista... y me encuentro atrapada en la atrevida mirada gris de Christian 
Grey, quien está de pie en el mostrador, mirándome fijamente.

Insuficiencia cardíaca. 

—Señorita Steele. Qué sorpresa tan agradable. —Su mirada es firme e intensa. 

Mierda. ¿Qué diablos está haciendo él aquí, con su cabello prolijamente despeinado, 
ropa de exterior, con su sweater tejido color crema, jeans y botas de caminar? Creo que 
mi boca se ha abierto y no puedo localizar mi cerebro o mi voz.

—Sr. Grey —susurro, porque eso es todo lo que puedo lograr. Hay un dejo de sonrisa 
en sus labios y sus ojos brillan con humor, como si estuviera disfrutando de alguna 
broma privada.
—Estaba por el área —dijo a modo de explicación—. Necesito reabastecer el stock de 
algunas cosas. Es un placer verla de nuevo, Srta. Steele .—Su voz es suave y profunda 
como el chocolate derretido con caramelo… o algo.
Sacudo mi cabeza para reunir mis ideas. Mi corazón está latiendo frenéticamente y por 
alguna razón, me estoy sonrojando furiosamente bajo su persistente escrutinio. Estoy 
anonadada por la visión de él parado frente a mi. Mis recuerdos no le hacían justicia. 
No es simplemente atractivo, es el epítome de la belleza masculina, te quita la 
respiración y está aquí. Aquí en la ferretería Clayton. Imagínate. Finalmente, mis 
funciones cognitivas son restauradas y reconectadas con el resto de mi cuerpo.

—Ana. Mi nombre es Ana —logro modular—. ¿En qué puedo ayudarlo, Sr. Grey?
Él sonríe y de nuevo es como si fuera el dueño de algún gran secreto. Es tan 
desconcertante. Tomando una profunda respiración, pongo mi cara profesional de he-trabajado-en-esta-tienda-por-años. Puedo hacer esto.
—Hay algunas cosas que necesito. Para empezar, me gustaría algunos organizadores 
de cables —murmura, sus ojos grises tranquilos pero divertidos.

¿Organizadores de cables?

—Tenemos de varios largos. ¿Desea que le muestre? —digo, mi voz suave y profunda.

Tómalo con calma, Steele. Un ligero fruncimiento de cejas marca la bella frente de Grey.

—Por favor. Guíeme, Srita. Steele —dice. Trato de parecer despreocupada mientras 
salgo del mostrador, pero en realidad, estoy concentrándome duramente en no caerme 
con mis propios pies, mis piernas repentinamente tienen la consistencia de la gelatina. 

Estoy tan feliz de haber decidido usar mis mejores jeans esta mañana.

—Están con los insumos eléctricos, pasillo ocho. —Mi voz es un poco demasiado 
fuerte. Miro hacia él y me arrepiento casi de inmediato. Demonios, es atractivo. Me 
sonrojo.
—Después de usted —murmura, haciendo un gesto con sus manos de largos dedos, 
bellamente arregladas.

Con mi corazón casi ahogándome, porque está en mi garganta tratando de escapar por 
mi boca, me dirijo a uno de los pasillos de la sección eléctrica. ¿Por qué está en Portland?
¿Por qué está aquí, en Clayton? Y desde una pequeña y casi no usada parte de mi cerebro 
—probablemente localizada en la base de mi bulbo raquídeo, en donde habita mi 
subconciente— llega el pensamiento: está aquí para verte. ¡No puede ser! Lo rechazo 
inmediatamente. ¿Por qué este hombre de ciudad, hermoso y poderoso querría verme? 

La idea es absurda y la pateo fuera de mi cabeza.

—¿Está en Portland por negocios? —pregunto y mi voz es muy aguda, como si hubiera 
aplastado mi dedo con una puerta o algo. ¡Demonios! ¡Trata de parecer tranquila, Ana!
—Estaba visitando la división de granjas de la WSU. Tiene base en Vancouver. 
Actualmente, estoy fundando algunas investigaciones sobre la rotación de ganado y la 
ciencia del suelo —dice con naturalidad. ¿Ves? No está aquí para encontrarte en absoluto, 
mi se burla de mí, fuerte, orgulloso y enfadado. Me sonrojo ante mis caprichosos y 
tontos pensamientos. 

—¿Todo es parte de tu plan alimenta-al-mundo? —pregunto
—Algo así —reconoce y sus labios se curvan en una media sonrisa.

Mira a la selección de organizadores de cables que tenemos en Clayton. ¿Qué 
demonios va a hacer con esos? No puedo imaginarlo como un tipo de persona “hagalo 
usted mismo” en absoluto. Sus dedos viajan por varios de los paquetes mostrados y por
alguna razón inexplicable, tengo que mirar para otro lado. Se inclina y elige un 
paquete.

—Estos funcionarán —dice con su tan secreta sonrisa y me sonrojo.
—¿Algo más?
—Me gustaría un poco de cinta para enmascarar.

¿Cinta de enmascarar? 

—¿Está redecorando? —Las palabras salen antes de que pueda detenerlas. 

¿Seguramente contrata trabajadores o tiene un equipo para ayudarlo a decorar?

—No, no redecorando —dice rápidamente, luego sonríe burlonamente y tengo el 
incómodo sentimiento de que se está riendo de mí.

¿Soy tan graciosa? ¿Me veo graciosa?

—Por aquí —murmuro avergonzada—. La cinta de enmascarar está en el pasillo de 
decoración.
—¿Trabajas aquí desde hace mucho? —Su voz es baja y me está mirando, sus ojos 
grises concentrados fuertemente. Me sonrojo aún más brillantemente. ¿Por qué 
demonios tiene ese efecto sobre mí? Siento como si tuviera catorce años, inoportuna 
como siempre y fuera de lugar. ¡Ojos al frente, Steele!
—Cuatro años —mascullo mientras alcanzamos nuestro objetivo. Para distraerme, me 
inclino hacia abajo y escojo los dos anchos de cinta de enmascarar que tenemos en 
stock.
—Tomaré esa —dice Grey, apuntando suavemente a la más ancha, la cual le paso. 

Nuestros dedos se rozan muy brevemente y la corriente está ahí de nuevo, corriendo a 
través de mí como si hubiera tocado un cable expuesto. Me atraganto 
involuntariamente cuando lo siento, todo el camino hacia abajo a algún lugar oscuro e 
inexplorado, profundo en mi barriga. Desesperadamente, busco alrededor por mi 
equilibrio.

—¿Algo más? —Mi voz es áspera y agitada.
—Algo de cuerda, creo. —Su voz refleja la mía, áspera.
—Por aquí. —Inclino mi cabeza hacia abajo para esconder mi recurrente sonrojo y me 
dirijo al pasillo.
—¿De qué tipo buscaba? Tenemos cuerda sintética y natural de filamento… 
trenzada… cuerda de cable… —Me detengo ante su expresión, sus ojos 
oscureciéndose. Dios santo. 
—Llevaré cuatro metros y medio de la soga natural de filamento, por favor.
Rápidamente, con dedos temblorosos, mido los cuatro metros y medio en la regla fija, 
consciente de su mirada gris y cálida sobre mí. No me atrevo a mirarlo. Jesús, ¿sería 
posible estar aún más conciente de mí misma? Tomando mi cuchillo Stanley del 
bolsillo trasero de mis jeans, la corto y la enrollo prolijamente antes de atarla en un 
nudo corredizo. Por algún milagro, me las arreglo para no cortarme un dedo con mi 
cuchillo.
—¿Fuiste una niña exploradora? —pregunta, labios esculturales y sensuales curvados 
en sorpresa. ¡No mires su boca!
—Las actividades de grupo organizados no son realmente lo mío, Sr. Grey.
Levanta una ceja.
—¿Qué es lo tuyo, Anastasia? —pregunta, su voz suave y su sonrisa secreta de vuelta. 
Lo miro, incapaz de expresarme. Estoy sobre placas tectónicas en movimiento. Trata 
de parecer tranquila, Ana, mi torturado subconsciente me ruega de rodillas.
—Libros —susurro, pero por dentro, mi subconsciente está gritando: ¡Tú! ¡Tú eres lo que 
me interesa! Lo callo de inmediato, mortificada porque mi psiquis esta teniendo ideas 
por encima de su nivel. 
—¿Qué clase de libros? —Inclina su cabeza hacia un lado. ¿Por qué está tan interesado?
—Oh, ya sabes… lo usual. Los clásicos. Literatura británica, mayormente.
Frota su barbilla con su largo dedo índice y pulgar mientras contempla mi respuesta. O 
tal vez está muy aburrido y está intentando ocultarlo. 
—¿Algo más que necesites? —Necesito poder superar este tema, esos dedos en en ese 
rostro son tan seductores.
—No lo sé. ¿Qué más me recomendarías?

¿Qué te recomendaría? Ni siquiera sé que estás haciendo. 

—¿Para un hazlo-tú-mismo?
Asiente, sus ojos grises vivos con un secreto humor. Me sonrojo y mis ojos vuelan 
involuntariamente por sus cómodos jeans.

—Overoles —replico y sé que ya no controlo lo que está saliendo de mi boca.
Él levanta una ceja, sorprendido de nuevo.
—No querrás arruinar tu ropa. —Hago un gesto vago en dirección a sus jeans.
—Siempre podría quitármelos —replica.
—Um. —Siento el color en mis mejillas subiendo de nuevo. Debo estar del color del 
manifiesto comunista. Deja de hablar. Deja de hablar AHORA.
—Llevaré algunos overoles. El cielo no permita que arruine algo de ropa —dice 
secamente.

Trato de alejar la inconveniente imagen de él sin jeans.

—¿Necesita algo más? —pregunto tan rápido como le entrego los overoles azules.
Él ignora mi pregunta.
—¿Cómo va el artículo? —Finalmente me ha hecho una pregunta normal, lejos de 
todas las indirectas y la confusa conversación de doble sentido… Una pregunta que 
puedo responder. Tomo mis pensamientos firmemente con mis manos como si fuera 
algo de vida o muerte y elijo la honestidad.
—No voy a escribirlo. Katherine lo hará. La Srta. Kavanagh. Mi compañera de cuarto, 
ella es la escritora. Está muy feliz por eso. Es la editora de la revista y estaba devastada 
por no poder hacer la entrevista en persona. —Siento que finalmente puedo respirar, al 
menos un tema normal de conversación—. Su única preocupación es no tener 
fotografías originales de usted.
Grey levanta una ceja.
—¿Qué clase de fotografías quiere?
De acuerdo. No había imaginado esto en su respuesta. Sacudo mi cabeza, porque 
simplemente no lo sé.
—Bueno, estoy por aquí. Tal vez mañana… —Se calla.
—¿Estaría dispuesto a ir a una sesión de fotos? —Mi voz es aguda de nuevo. Kate 
estará en el séptimo cielo si logro conseguir esto. Y tal vez lo veas de nuevo mañana, ese 
oscuro lugar en la base de mi cerebro me susurra seductoramente. Alejo el 
pensamiento: de todos los tontos, ridículos…
—Kate estará encantada, si conseguimos un fotógrafo. —Estoy tan contenta. Le sonrío 
ampliamente. Sus labios se se abren, como si estuviera tomando una repentina 
bocanada de aire y parpadea. Por una fracción de segundo, parece de alguna forma
perdido y la tierra se mueve un poco de su eje, las placas tectónicas moviéndose a una 
nueva posición.

Oh, dios. La mirada perdida de Christian Grey.

—Hazme saber sobre mañana. —Alcanzando su bolsillo trasero, saca su billetera—. 

Mi tarjeta. Tiene mi número de celular en ella. Necesitas llamar antes de las diez de la 
mañana.

—De acuerdo. —Lo miro de nuevo. Kate estará encantada.
—¡ANA!

Paul se ha materializado al otro final del pasillo. Es el hermano más joven del Sr. 
Clayton. Oí que había llegado a casa desde Princeton, pero no esperaba verlo hoy.

—Er, discúlpeme por un momento, Sr. Grey. —Grey frunce el ceño mientras me giro. 
Paul siempre ha sido un amigoy en este extraño momento que estoy teniendo con el 
rico, poderoso, asombroso y extremadamente atractivo y controlador Grey, es genial 
hablar con alguien normal. Paul me abraza fuerte tomándome por sorpresa. 

—Ana, hola, ¡es tan bueno verte! —dice.
—Hola, Paul. ¿Cómo estás? ¿Estás en casa por el cumpleaños de tu hermano?
—Síp. Te ves bien, Ana, muy bien. —Me mira mientras me examina a la distancia de 
un brazo. Luego me suelta, pero mantiene un brazo posesivo sobre mi hombro. 
Cambio mi peso de un pie al otro, avergonzada. Es bueno ver a Paul, pero siempre ha 
sido confianzudo.
Cuando miro hacia Christian Grey, está mirándonos como un halcón, sus ojos grises 
oscuros y especulativos, su boca en una dura línea. Ha cambiado del extraño y atento 
cliente a alguien más, alguien frío y distante.
—Paul, estoy con un cliente. Alguien que deberías conocer —digo, tratando de 
disuadir el antagonismo que veo en los ojos de Grey. Arrastro a Paul para presentarlo 
y se miden mutuamente. La atmósfera es súbitamente ártica—. Er, Paul, este es 
Christian Grey. Sr. Grey, este es Paul Clayton. Su hermano es el dueño del lugar. —Y 
por alguna extraña razón, siento que debo explicarme un poco más. 
—Conozco a Paul desde que trabajo aquí, aunque no nos vemos tan seguido. Ha 
vuelto de Princeton donde estudia administración de empresas. —Estoy 
balbuceando… ¡Detente ahora!
—Sr. Clayton. —Christian mantiene su mano extendida, su mirada ilegible.
—Sr. Grey. —Paul devuelve el saludo—. Espera… ¿no es el Christian Grey? ¿De 
empresas Holdings Grey? 
Paul va de insípido a asombrado en menos de un nanosegundo. Grey le ofrece una 
sonrisa educada que no llega a sus ojos.
—Guau… ¿hay algo que pueda ofrecerle?
—Anastasia lo tiene bajo control, Sr. Clayton. Ella ha sido muy atenta. —Su expresión 
es impasible pero sus palabras… es como si estuviera diciendo algo completamente 
distinto. Es desconcertante.
—Genial —responde Paul—. Te veo luego, Ana.
—Seguro, Paul. —Lo miro desaparecer en el almacén—. ¿Algo más, Sr. Grey?
—Sólo estas cosas. —Su tono es cortante y frío. Diablos… ¿Lo habré ofendido? 
Tomando una profunda respiración, me giro y voy hacia la caja. ¿Cuál es su problema?
Junto la soga, overoles, cinta de enmascarar y organizadores de cables en el mostrador.
—Serían cuarenta y tres dólares, por favor. —Miro a Grey y deseo no haberlo hecho. 
Está mirandome de cerca, sus ojos grises humeantes e intensos. Es inquietante—. ¿Le 
gustaría una bolsa? —pregunto mientras recibo su tarjeta de crédito.
—Por favor, Anastasia. —Su lengua acaricia mi nombre y mi corazón una vez más 
está frenético. Casi no puedo respirar. De prisa, pongo sus cosas en una bolsa de 
plástico—. ¿Me llamarás si quieres que haga la sesión de fotos? —Es todo sobre 
negocios otra vez. Asiento, muda de nuevo y devuelvo su tarjeta de crédito.
—Bien. Hasta mañana, quizás. —Se gira para irse, luego hace una pausa—. Oh… y 
Anastasia, me alegra que la Srta. Kavanagh no haya podido hacer la entrevista. —
Sonríe, luego sale con renovado interés fuera de la tienda, colocando la bolsa plástica 
sobre su hombro, dejándome como una temblorosa masa de iracundas hormonas 
femeninas. Paso varios minutos mirando la puerta cerrada por la que salió antes de 
volver al planeta tierra.

De acuerdo. Me gusta. Ahí, lo he admitido a mí misma. No puedo esconderme más de 
mis sentimientos. Nunca antes me he sentido así. Lo encuentro atractivo, muy 
atractivo. Pero es una causa perdida, lo sé y suspiro con un amargo resentimiento. Fue 
solo una coincidencia, su llegada aquí. Pero aún así, puedo admirarlo desde lejos, ¿no? 
Ningún mal puede venir de eso. Y si encuentro un fotógrafo, puedo admirarlo 
seriamente mañana. Muerdo mi labio en anticipación y me encuentro a mi misma 
entusiasmada como una colegiala. Necesito llamar a Kate y organizar una sesión de 
fotos. 

2 comentarios:

  1. me encanto el capitulo 2 ya quiero leer el capitulo que sigue esta muy interesante esta historia

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