miércoles, 24 de abril de 2013

50 Sombras de Grey- Capitulo 9

La luz llena la habitación, persuadiéndome desde el sueño profundo a la vigilia. Me
estiro y abro los ojos. Es una hermosa mañana de mayo, con Seattle a mis pies. Vaya,
qué vista. A mi lado, Christian Grey está profundamente dormido. Vaya, qué vista.

Me sorprende que todavía esté en la cama. Está frente a mí y tengo una oportunidad
sin precedentes para estudiarlo. Su hermoso rostro parece más joven, relajado en el
sueño. Sus esculpidos labios carnosos están separados un poco y su cabello brillante y
claro es un desastre glorioso. ¿Cómo podría alguien verse así de bien y aún así ser
legal? Recuerdo su habitación de arriba... a lo mejor no es legal. Niego con la cabeza,
es mucho para pensar. Es tentador estirarse y tocarlo, pero como un niño pequeño, es
tan adorable cuando está dormido. No tengo que preocuparme de lo que voy a decir,
de lo que va a decir, qué planes tiene, sobre todo sus planes para mí.

Podría mirarlo todo el día, pero tengo necesidades… necesidades de cuarto de baño.

Deslizándome de la cama, encuentro su camisa blanca en el suelo y me la pongo.

Camino a través de una puerta pensando que podría ser el cuarto de baño, pero estoy
en un inmenso clóset tan grande como mi dormitorio. Filas y filas de trajes caros,
camisas, zapatos y corbatas. ¿Cómo puede alguien necesitar esta cantidad de ropa?
Hago un gesto de desaprobación. En realidad, el armario de Kate probablemente
compita con esto. ¡Kate! Oh, no. No pensé en ella toda la noche. Se suponía que le
escribiría. Mierda. Voy a estar en problemas. Me pregunto brevemente cómo lo está
pasando con Elliot.

Volviendo a la habitación, Christian sigue durmiendo. Intento la otra puerta. Es el
cuarto de baño y es más grande que mi dormitorio. ¿Por qué un hombre solo necesita
tanto espacio? Dos lavabos, me doy cuenta con ironía. Teniendo en cuenta que no se
acuesta con nadie, uno de ellos no puede haber sido utilizado.

Me miro en el espejo gigante por encima de los lavabos. ¿Me veo diferente? Me siento
diferente. Me siento un poco dolorida, si soy honesta y mis músculos… Caray, es
como si nunca hubiera hecho ningún ejercicio en mi vida. No has hecho ningún ejercicio
en tu vida, mi subconsciente se ha despertado. Ella me mira con los labios fruncidos,
dando golpecitos con el pie. Así que acabas de dormir con él, le diste tu virginidad a un
hombre que no te ama. De hecho, tiene ideas muy extrañas acerca de ti, quiere hacerte una especie de esclava sexual y perversa.

¡¿Estás loca?! Me está gritando.

Me estremezco cuando me miro en el espejo. Voy a tener que procesar todo esto.
Sinceramente, fantasear con enamorarse de un hombre que es más que hermoso, más
rico que Croesus y tiene un Salón Rojo del Dolor esperando por mí. Me estremezco.
Estoy desconcertada y confundida. Mi cabello está en su propia rebeldía de costumbre.
El cabello de acabo de follar no me sienta. Trato de poner orden al caos con mis dedos,
pero fallo miserablemente y me rindo; tal vez encontraré cintas para el cabello en mi
bolso.

Me muero de hambre. Me dirijo de nuevo hacia el dormitorio. El Bello Durmiente
sigue durmiendo, así que lo dejo y me dirijo a la cocina.

Oh, no... Kate. Dejé mi bolso en el estudio de Christian. Lo busco y alcanzo mi teléfono
celular. Tres mensajes de texto.

*Stas Bn Ana*
*Dónde stas Ana*
*Maldición, Ana*

Llamo a Kate. Cuando no contesta, le dejo un mensaje rastrero para decirle que estoy
viva y no he sucumbido a Barba Azul, bueno, no en el sentido que ella se preocuparía;
o tal vez yo lo he hecho. Oh, esto es muy confuso. Tengo que tratar de clasificar y analizar
mis sentimientos por Christian Grey. Es una tarea imposible. Niego con la cabeza.

Necesito tiempo a solas, lejos de aquí para poder pensar.

Encuentro dos cintas para el cabello al mismo tiempo en mi bolso y rápidamente ato
mi cabello en coletas. ¡Sí! Cuanto más femenina me vea, tal vez más segura estaré de
Barba Azul. Saco mi iPod del bolso y conecto los auriculares. No hay nada como la
música para cocinar. Lo guardo en el bolsillo de la camisa de Christian, encendiéndolo
a todo volumen y comienzo a bailar.

Santos infiernos, tengo hambre.

Estoy intimidada por su cocina. Es muy elegante, moderna y ninguno de los armarios
tiene asideros. Me toma unos segundos para deducir que tengo que empujar las puertas
del armario para abrirlos. Tal vez debería hacerle el desayuno a Christian. Estaba
comiendo un omelet el otro día... uhm, ayer en el Heathman. Vaya, han pasado
muchas cosas desde entonces. Reviso en la nevera, donde hay un montón de huevos y
decido que quiero panqueques y tocino. Estoy haciendo un poco de masa, bailando a
mi manera alrededor de la cocina.

Estar ocupada es bueno. Me permite un poco de tiempo para pensar, pero no
demasiado profundamente. La música a todo volumen en mis oídos también ayuda a
evitar los pensamientos profundos. He venido aquí a pasar la noche en la cama de
Christian Grey y lo logré, a pesar de que no permite a nadie en su cama. Sonrío,
misión cumplida. A lo grande. Sonrío. Grande, a lo grande y me distraigo por el
recuerdo de la noche anterior. Sus palabras, su cuerpo mientras me hace el amor...

Cierro los ojos mientras mi cuerpo zumba ante el recuerdo y mis músculos se contraen
deliciosa y profundamente en mi vientre. Mi subconsciente me frunce el ceño... mierda,
no hacer el amor me grita como una arpía. La ignoro, pero en el fondo, sé que ella tiene
un punto. Niego con la cabeza para concentrarme en la tarea a mano.

Hay una extensa cocina estilizada. Creo que le tomo el truco a esto. Necesito un lugar
para mantener los panqueques calientes y me pongo con el tocino. Amy Studt está
cantando en mi oído acerca de inadaptados. Esta canción solía significar mucho para
mí, porque soy una inadaptada social. Nunca he encajado en ningún lugar y ahora...
tengo una propuesta indecente a considerar desde el propio Rey de los Inadaptados.

¿Por qué es así? ¿De naturaleza o de crianza? Es tan ajeno a todo lo que sé.

Pongo el tocino en la parrilla y mientras se cocina, bato algunos huevos. Me giro y
Christian está sentado en uno de los taburetes de la barra en el mostrador del
desayuno, apoyándose en ella, su rostro apoyado en sus manos. Todavía está vistiendo
la camiseta con la que durmió. El cabello de acabo de follar realmente, en serio le
sienta, al igual que su barba naciente. Se ve a la vez divertido y perplejo. Me quedo
paralizada, ruborizada, luego me recobro y quito los auriculares de mis oídos, mis
rodillas se tambalean a la vista de él.

―Buenos días, señorita Steele. Está con mucha energía esta mañana ―dice
secamente.
―Dormí bien ―tartamudeo mi explicación. Sus labios intentan disimular su sonrisa.
―No puedo imaginar por qué. ―Hace una pausa y frunce el ceño―. Yo también,
después de que regresé a la cama.
―¿Tienes hambre?
―Mucha ―dice con una mirada intensa y no creo que se esté refiriendo a la comida.
―¿Panqueques, tocino y huevos?
―Suena muy bien.
―No sé donde guardas tus manteles. ―Me encojo de hombros, tratando
desesperadamente de no parecer nerviosa.
―Yo haré eso. Tú cocina. ¿Quieres que ponga algo de música para que puedas
continuar con tu... err... baile?

Miro abajo hacia mis dedos, sabiendo que estoy volviéndome de un pardo rojizo.

―Por favor, no te detengas por mí. Es muy entretenido. ―Su tono es uno de diversión
irónica.

Frunzo mis labios. Entretenido, ¿eh? Mi subconsciente se ha reído de mí el doble. Me
doy vuelta y continúo batiendo los huevos, probablemente batiéndolos un poco más
duro de lo que necesitan. En un momento, él está a mi lado. Tira suavemente de mi
coleta.

―Me encantan estas ―susurra―. No te van a proteger. ―Hmm, Barba Azul…
―¿Cómo te gustan los huevos? ―le pregunto con aspereza. Él sonríe.
―Completamente batidos y golpeados. ―Sonríe.

Me dirijo de nuevo a la tarea en cuestión, tratando de ocultar mi sonrisa. Es difícil
estar enojada por eso. Especialmente cuando está siendo tan inusualmente juguetón.
Abre un cajón y saca dos manteles para colocar en la barra del desayuno. Vierto la
mezcla de huevos en una cacerola, saco el tocino, lo giro sobre ella y lo pongo de
nuevo en la parrilla.

Cuando me vuelvo del todo, hay jugo de naranja sobre la mesa y está haciendo el café.

―¿Quieres un poco de té?
―Sí, por favor. Si tienes un poco.

Encuentro un par de platos y los coloco en la bandeja de calentamiento de la cocina.
Christian llega a un armario y saca algo de té Twining Breakfast Inglés. Frunzo mis
labios.

―Soy una conclusión inevitable, ¿no es cierto?
―¿Lo eres? No estoy seguro de que hayamos concluido nada, señorita Steele
―murmura.

¿Qué quiere decir con eso? ¿Nuestras negociaciones? ¿Nuestra, err... relación... sea lo que sea?
Sigue siendo tan críptico. Sirvo el desayuno caliente en los platos y los pongo sobre los
manteles. Rebusco en el refrigerador y encuentro un poco de jarabe de arce.
Echo un vistazo a Christian y él me está esperando para sentarse.

―Señorita Steele. ―Hace un gesto a uno de los taburetes de la barra.
―Señor Grey. ―Asiento en reconocimiento. Me subo y hago una ligera mueca de
dolor cuando me siento.
―¿Qué tan dolorida estás? ―pregunta mientras se sienta. Sus ojos grises se oscurecen.

Me sonrojo. ¿Por qué hace preguntas tan personales?

―Bueno, para ser sincera, no tengo nada con que comparar esto ―le espeto―. ¿Desea
ofrecer su conmiseración? ―pregunto, demasiado dulce. Creo que está tratando de
reprimir una sonrisa, pero no puedo estar segura.
―No. Me preguntaba si deberíamos continuar con tu entrenamiento básico.
―Oh. ―Lo miro atónita mientras dejo de respirar y todo dentro de mí se aprieta.
Ooh... eso es tan agradable. Suprimo mi gruñido.
―Come, Anastasia. ―Mi apetito se ha vuelto incierto otra vez... más... más sexo... sí,
por favor.
―Esto es delicioso, por cierto. ―Me sonríe.

Pruebo un bocado del omelet pero apenas puedo saborearlo. ¡Entrenamiento básico!
Quiero follar tu boca. ¿Eso forma parte del entrenamiento básico?

―Deja de morderte el labio. Es muy distractor y resulta que sé que no estás usando
nada debajo de mi camisa, lo que lo hace aún más distractor ―gruñe.

Mojo mi bolsita de té en el pequeño tarro que Christian me ha proporcionado. Mi
mente está en un torbellino.

―¿Qué tipo de entrenamiento básico tienes en mente? ―pregunto, mi voz es también
ligeramente alta, traicionando mi deseo de sonar tan desinteresada, natural y calmada
como puedo con mis hormonas causando estragos a través de mi cuerpo.
―Bueno, como estás dolorida, creo que podríamos continuar con habilidades orales.

Me ahogo con mi té y lo observo con los ojos abiertos y ampliándose más. Me palmea
delicadamente la espalda y me pasa jugo de naranja. No puedo decir lo que está
pensando.

―Eso si quieres quedarte ―agrega. Levanto la mirada hacia él, intentando recuperar
mi equilibrio. Su expresión es ilegible. Es tan frustrante.
―Me gustaría quedarme por hoy. Si eso está bien. Tengo que trabajar mañana.
―¿A qué hora tienes que estar en el trabajo mañana?
―Nueve.
―Te llevaré al trabajo a las nueve mañana.

Frunzo el ceño. ¿Acaso él quiere que me quede otra noche?

―Necesito ir a casa esta noche, necesito ropas limpias.
―Puedo conseguirte algunas aquí.

No tengo dinero de sobra para gastar en ropa. Su mano sube y sostiene mi barbilla,
tirando de ella para que mi labio sea liberado del agarre de mis dientes. No me había
dado cuenta de que estaba mordiendo mi labio.

―¿Qué pasa? ―pregunta.
—Necesito estar en casa esta tarde.

Su boca es una dura línea.

—Bien, esta tarde. ―Está de acuerdo―. Ahora come tu desayuno.

Mis pensamientos y mi estómago están en un torbellino. Mi apetito se ha desvanecido.
Observo mi desayuno a mitad de comer. Simplemente no tengo hambre.

―Come, Anastasia. No comiste anoche.
―Realmente no tengo hambre ―susurro.

Sus ojos se angostan.

―Realmente me gustaría que terminaras tu desayuno.
―¿Qué tienes con la comida? ―espeto. Su frente se arruga.
―Te lo dije, tengo problemas con la comida desperdiciada. Come ―chasquea. Sus
ojos están oscuros, afligidos.

Santa Mierda. ¿De qué se trata? Recojo mi tenedor y como lentamente, intentando
masticar. Debo recordar no poner mucho en mi plato si se va a poner raro con la
comida. Su expresión se suaviza cuando cuidadosamente me termino mi desayuno.
Noto que recoge su plato. Espera a que termine y recoge mi plato.

―Tu cocinaste, yo recojo.
―Eso es muy democrático.
―Sí. ―Frunce el ceño―. No es mi estilo habitual. Después de que termine esto,
tomaremos un baño.
―Oh, de acuerdo. ―Oh mi… Preferiría tomar una ducha. Mi celular suena,
interrumpiendo mi ensueño. Es Kate.
―Hola. ―Vago hacia las puertas de vidrio del balcón, lejos de él.
―Ana, ¿por qué no me mandaste un mensaje de texto anoche? ―Está enojada.
―Lo siento, fui sobrepasada por los acontecimientos.
―¿Estás bien?
―Sí, estoy bien.
―¿Lo hicieron? ―Está pescando información. Pongo mis ojos en blanco con la
expectación en su voz.
―Kate, no hablaré de esto por teléfono. ―Christian me mira.
―Lo hicieron… puedo notarlo.
¿Cómo puede notarlo? Está fanfarroneando y no puedo hablar sobre esto. Firmé un
maldito acuerdo.
―Kate, por favor.
―¿Cómo fue? ¿Estás bien?
―Te dije que estoy bien.
―¿Fue cuidadoso?
―¡Kate, por favor! ―No puedo ocultar mi exasperación.
―Ana, no lo ocultes de mí, he estado esperando este día por casi cuatro años.
―Te veré en la tarde. ―Cuelgo.

Este va a ser un cuadrado difícil de circular. Es tan tenaz y quiere saber, en detalle y no
le puedo contar porque he firmado un… ¿cómo se llamaba? CDC. Ella va a enloquecer
y con razón. Necesito un plan. Vuelvo la cabeza para ver a Christian moverse con
elegancia en su cocina.

―¿El CDC cubre todo? ―pregunto cautelosamente.
―¿Por qué? ―Se gira y me mira mientras guarda los Twinings. Me sonrojo.
―Bueno, tengo algunas preguntas, tu sabes, sobre sexo. ―Bajo la mirada hacia mis
dedos―. Y me gustaría preguntarle a Kate.
―Puedes preguntarme a mí.
―Christian, con el debido respeto. ―Mi voz se desvanece. No puedo preguntarte a ti.
Obtendré tu predispuesta, perversa como-el-infierno, distorsionada visión del mundo en cuanto al sexo. Quiero una opinión imparcial―. Es sólo sobre aspectos prácticos. No mencionaré el Salón Rojo del Dolor.

Él levanta sus cejas.

―¿Salón Rojo del Dolor? Es más sobre placer, Anastasia. Créeme ―dice él―.
Además ―su tono se endurece―, tu compañera de cuarto está haciendo la bestia de
dos espaldas25 con mi hermano. Realmente preferiría que no lo hicieras.
―¿Tu familia sabe sobre tu… preferencia?
―No. No es asunto suyo. ―Deambula hacia mí hasta que está parado frente a mí.
―¿Qué quieres saber? ―pregunta y levantando sus manos recorre desde mi mejilla
hacia mi barbilla suavemente con sus dedos, inclinando mi cabeza hacia atrás para
poder verme directamente a los ojos. Me retuerzo por dentro. No puedo mentirle a este
hombre.
―Nada específico por el momento ―susurro.
―Bueno, podemos empezar con: ¿cómo estuvo anoche para ti? ―Sus ojos queman,
llenos de curiosidad. Está ansioso por saber. Wow.
―Bien ―murmuro.

Sus labios se levantan ligeramente.
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25 Bestia de dos espaldas: Tener relaciones sexuales.
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―Para mí también ―él murmura―. Nunca había tenido sexo vainilla antes. Hay
mucho que decir de eso. Pero claro, tal vez es por ti. ―Mueve su pulgar a través de mi
labio inferior.

Inhalo fuertemente. ¿Sexo vainilla?

―Ven, vamos a darnos un baño. ―Se inclina y me besa. Mi corazón da un brinco y el
deseo se desliza demasiado abajo… demasiado ahí abajo.

La tina es una piedra blanca, profunda, de forma ovoide, muy diseñada. Christian se
inclina y la llena desde la llave en la pared de azulejos. Vierte un aceite de baño con
aspecto caro dentro del agua. Hace espuma mientras la tina se llena, huele a dulce y
sensual jazmín. Se pone de pie y me observa, sus ojos oscurecidos, luego se quita su
camiseta y la arroja al suelo.

―Señorita Steele. ―Ofrece su mano.

Estoy de pie en la entrada, con los ojos muy abiertos y cautelosos, mis brazos
envueltos a mí alrededor. Camino hacia delante mientras disimuladamente admiro su
físico. Él es simplemente delicioso. Mi subconsciente se desvanece y se desmaya en
algún lugar de la parte posterior de mi cabeza. Tomo su mano y me invita a entrar en
la tina mientras todavía estoy usando su camisa. Hago lo que me dice. Tengo que
acostumbrarme a eso si es que voy a aceptar su escandalosa oferta… ¡si es que! El agua
está seductoramente caliente.

―Date la vuelta, déjame ver tu rostro ―ordena, su voz es suave. Hago lo que me dice.
Me está observando atentamente.
―Sé que ese labio es delicioso, puedo dar fe de eso, pero ¿podrías dejar de morderlo?
―dice con los dientes apretados―. Me hace querer follarte y estas dolorida, ¿bien?
Jadeo, automáticamente liberando mi labio, sorprendida.
―Sí. ―Me reta―. Comprendiste. ―Me observa. Asiento frenéticamente. No tenía idea
de que podía afectarlo así.
―Bien. ―Se estira y toma mi iPod del bolsillo del pecho y lo pone cerca del
lavamanos.
―Agua y iPods, una combinación no muy inteligente ―murmura. Se agacha, toma el
dobladillo de mi camisa blanca, la levanta por encima de mi cabeza y la arroja al suelo.

Se aleja para observarme. Estoy desnuda por el amor de Dios. Me sonrojo de color carmesí
y miro abajo hacia mis manos, al nivel de la base de mi vientre y desesperadamente
quiero desaparecer en el agua caliente y la espuma, pero sé que él no querría eso.

―Oye ―me llama. Le doy un vistazo y su cabeza está ladeada hacia un lado―.
Anastasia, eres una mujer muy hermosa, el paquete completo. No cuelgues tu cabeza
como si estuvieras avergonzada. No tienes nada de qué avergonzarte, es un real gusto
estar de pie aquí y observarte. ―Toma mi barbilla en su mano e inclina mi cabeza
hacia arriba para ver sus ojos. Son suaves y cálidos, incluso calientes. Oh por Dios. Está
tan cerca. Podría estirarme y tocarlo.
―Puedes sentarte ahora. ―Detiene mis pensamientos dispersos y me deslizo hacia
abajo dentro de la cálida y acogedora agua. Ooh… pica. Lo que me toma por sorpresa,
pero huele celestialmente también y el escozor pronto mengua. Me recuesto hacia atrás
y brevemente cierro mis ojos, relajándome en la tranquilizadora agua. Cuando los
abro, él está observándome.
―¿Por qué no te unes? ―pregunto, con valentía, mi voz ronca.
―Creo que lo haré. Muévete hacia delante ―ordena.

Se quita sus pantalones de pijama y se sube detrás de mí. El agua sube mientras él se
sienta y me empuja hacia su pecho. Pone sus largas piernas sobre las mías, sus rodillas
dobladas y sus tobillos nivelados con los míos, separa sus pies, abriendo mis piernas.
Jadeo sorprendida. Su nariz está en mi cabello e inhala profundamente.

—Hueles muy bien, Anastasia.

Un estremecimiento recorre mi cuerpo. Estoy desnuda en una bañera con Christian Grey.

Él está desnudo. Si alguien me hubiese dicho que estaría haciendo esto cuando me
levanté en su suite ayer, no lo habría creído.

Acerca una botella de jabón para el cuerpo del estante ubicado al lado de la bañera y
vierte un poco en su mano. Frota sus manos, creando una suave espuma, luego pone
sus manos alrededor de mi cuello y empieza a frotar el jabón en mi cuello, mis
hombros, masajeando con firmeza con sus largos y fuertes dedos. Gimo, sus manos en
mi se sienten bien.

—¿Te gusta eso? —Lo escucho sonreír.
—Mmm.

Baja hasta mis brazos, luego debajo de ellos, lavándolos con suavidad. Estoy tan
agradecida de que Kate insistiera en que me afeitara. Sus manos se deslizan a través de
mis pechos e inhalo bruscamente mientras sus dedos los rodean y comienzan a
amasarlos suavemente, sin tomarlos por mucho tiempo. Mi cuerpo se arquea
instintivamente, empujando mis pechos hacia sus manos. Mis pezones están sensibles,
muy sensibles, sin duda por su nada delicado trato hacia ellos la noche anterior. No
demora mucho tiempo y desliza sus manos hacia mi estomago y mi vientre. Mi
respiración aumenta y mi corazón está acelerado. Su creciente erección presionando
detrás de mí. Me excita saber que es mi cuerpo lo que lo hace sentirse de esa forma.
Ja… es tu imaginación. Mi subconsciente se burla. Alejo la molesta idea.

Él se detiene y toma una toalla mientras jadeo, queriéndolo… necesitándolo. Mis
manos descansan en sus firmes y musculosos muslos. Sostengo mi aliento, sus dedos
me estimulan con destreza a través de la tela, es celestial y mis caderas empiezan a
moverse a su propio ritmo, presionando contra su mano. Mientras las sensaciones
empiezan a tomar el control, inclino la cabeza hacia atrás, poniendo mis ojos en
blanco, mi boca se afloja y gimo. La presión aumenta lenta e inexorablemente en mí…

Oh mi Dios.

—Siéntelo, nena —Christian susurra en mi oído y muy gentilmente roza mi oreja con
sus dientes—. Siéntelo por mí. —Mis piernas están sujetas por él en el lado de la
bañera, manteniéndome prisionera, dándole libre acceso a la parte más privada de mí
ser.
—Oh, por favor —susurro, trato de endurecer mis piernas mientras mi cuerpo se pone
rígido. Soy una esclava sexual de éste hombre y no me deja moverme.
—Creo que ya estás lo suficientemente limpia —murmura y se detiene. ¿Qué? ¡No! ¡No!
¡No! Mi aliento es irregular.
—¿Por qué te detienes? —jadeo.
—Porque tengo otros planes para ti Anastasia.

Que… oh Dios… pero… yo estaba… no es justo.

—Gírate. Necesito lavarme también —murmura.

¡Oh! Dándome la vuelta para encararlo, estoy sorprendida de encontrar que tiene su
erección firme en su agarre. Mi boca se abre.

—Quiero que te familiarices bien, con nombre de pila si es posible, con la más
apreciada y favorita parte de mi cuerpo. Estoy muy unido a esto.

Es muy grande y está creciendo. Su erección está sobre la línea del agua, el agua llega
hasta sus caderas. Alzo la mirada y me encuentro cara a cara con su sonrisa maliciosa.
Está disfrutando mi expresión de asombro. Me doy cuenta de que estoy mirándolo
fijamente. Trago. ¡Eso estuvo dentro de mí! No parece posible. Él quiere que lo toque.
Uhm… de acuerdo. Aquí vamos.

Le sonrío y alcanzo el jabón para el cuerpo, exprimiéndolo en mi mano. Hago como
él lo hizo, restregando el jabón en mis manos hasta que genera espuma. No alejo mis
ojos de los suyos. Mis labios están separados para poder respirar… muy
deliberadamente, suavemente, muerdo mi labio inferior y luego deslizo mi lengua por
él, siguiendo el camino donde estuvieron mis dientes. Sus ojos están serios, oscuros y
se abren a medida que mi lengua se desliza por mi labio inferior. Me acerco y lo rodeo
con una de mis manos, reflejo de cómo él lo está sosteniendo. Sus ojos se cierran
brevemente. Wow… se siente más firme de lo que esperé. Aprieto y él pone su mano
sobre la mía.

—Así —susurra y mueve su mano de arriba a abajo con un firme agarre alrededor de
mis dedos. Cierra sus ojos de nuevo y su aliento da tirones en su garganta. Cuando
vuelve a abrirlos, su mirada es de un abrazador gris fundido—. Así es correcto, nena.

Suelta mi mano, dejándome para que continúe sola y cierra sus ojos mientras muevo
de arriba hacia abajo toda su longitud. Flexiona sus caderas un poco en mi mano y
reflexivamente lo siento más apretado. Un gemido escapa de las profundidades de su
garganta. Folla mi boca… mmm. Lo recuerdo empujando su dedo pulgar en mi boca,
haciéndome chupar, duro. Su boca se abre ligeramente a medida que su respiración
aumenta. Me inclino hacia adelante, mientras él tiene sus ojos cerrados, pongo mis
labios alrededor de él y tentativamente chupo, deslizando mi lengua sobre la punta.
—Wow…. Ana. —Sus ojos se abren. Y chupo con más fuerza.
Mmm… es suave y duro a la vez, como acero revestido de terciopelo y
sorprendentemente sabroso, salado y suave.
—Cristo —gime y cierra de nuevo sus ojos.

Moviéndome hacia abajo, lo empujo en mi boca. Gime de nuevo. ¡Ja¡ Mi diosa interior
está emocionada. Puedo hacer esto, lo puedo follar con mi boca. Giro mi lengua
alrededor de la punta de nuevo, y él flexiona sus caderas. Sus ojos están ahora abiertos
y encendidos con el calor. Sus dientes están apretados de nuevo mientras vuelve a
flexionar y lo empujo más profundo en mi boca, apoyándome en sus muslos. Siento
sus piernas tensarse bajo mis manos. Se acerca y toma mis coletas y empieza a
moverse.

—Oh… nena… eso se siente muy bien —murmura. Chupo aún más fuerte,
chasqueando mi lengua en la cabeza de su impresionante erección. Envolviendo mis
dientes detrás de mis labios, sujetando mi boca alrededor de él. Su aliento silba entre
dientes y gime.
—Jesús. ¿Qué tan lejos puedes ir? —susurra.

Mmm… lo meto más profundo dentro de mi boca, lo puedo sentir en la parte posterior
de mi garganta y luego de nuevo en el frente. Mi lengua gira alrededor de su final. Es
como un helado con sabor a… Christian Grey. Chupo con más y más fuerza,
metiéndolo más y más profundo, girando mi lengua a su alrededor. Mmm… no tenía
idea que dar placer pudiese ser tan candente, verlo retorcerse sutilmente con ansias
carnales. Mi diosa interior está haciendo el merengue con algunos pasos de salsa.

—Anastasia, voy a venirme en tu boca. —El tono entre cortado es de advertencia—.
Si no quieres que lo haga, detente ahora. —Flexiona de nuevo sus caderas, sus ojos
están abiertos, cautelosos y llenos de obscena necesidad, necesidad de mí. Necesidad
de mi boca… Oh Dios.

Santa Mierda. Sus manos están realmente agarrando mi cabello. Puedo hacer esto,
presiono con más fuerza y en un momento de extraordinaria confianza, desnudo mis
dientes. Eso lo lleva hasta el límite. Grita y se queda quieto y puedo sentir el cálido y
salado líquido rebosando en mi garganta. Trago rápidamente. Ugh… no estoy segura
de esto. Pero lo miro y se está viniendo en la bañera gracias a mí y no me importa. Me
siento y lo observo, una sonrisa de triunfo regodeándose en las comisuras de mis
labios. Su respiración es irregular. Abriendo sus ojos, me mira.

—¿No tienes nauseas? —pregunta, asombrado—. Cristo, Ana… eso estuvo… bien,
muy bien, pero inesperado. —Frunce el ceño—. Sabes, nunca dejas de sorprenderme.
Sonrió y conscientemente muerdo mi labio. Me mira de manera especulativa.
—¿Has hecho eso antes?
—No. —Y no puedo evitar el pequeño matiz de orgullo en mi negación.
—Bien —dice complaciente y creo, aliviado—. Entonces, otra novedad, señorita
Steele. —Me mira de manera valorativa—. Bueno, obtienes una A en habilidades
orales. Ven, vamos a la cama, te debo un orgasmo.

¡Orgasmo! ¡Otro!

Rápidamente, sale de la bañera, dándome la primera versión completa del adonis,
divinamente formado, ese es Christian Grey. Mi diosa interior deja de bailar y mira
también, la boca abierta y babeando un poco. Su erección domesticada pero solida…
wow. Envuelve una pequeña toalla alrededor de su cintura, cubriendo lo esencial y
sostiene una plumosa toalla grande para mí. Saliendo de la tina, tomo su mano
tendida. Me envuelve en la toalla, me toma en sus brazos y me besa con fuerza,
apretando su lengua en mi boca. Tengo muchos deseos de girarme y abrazarlo…
tocarlo… pero tiene mis brazos atrapados en la toalla. Pronto, estoy perdida en su
beso. Acuna mi cabeza, su lengua explorando mi boca y tengo la sensación de que está
expresando su gratitud —quizás— ¿por mi primera mamada? ¿Eh?

Se aleja, con las manos a cada lado de mi rostro, mirando fijamente mis ojos. Se ve
perdido.

—Di sí —susurra fervientemente.

Frunzo el ceño, sin entender.

—¿A qué?
—A nuestro acuerdo. A ser mía. Por favor, Ana —susurra enfatizando la última
palabra y mi nombre, suplicando. Me besa de nuevo, dulcemente, apasionadamente,
antes de que se aleje y se quede mirándome, parpadeando ligeramente. Toma mi mano
y me lleva de regreso a su cuarto, dejándome temblorosa, así que lo sigo mansamente.
Aturdida. Realmente quiere esto.

En su cuarto, me mira mientras estamos de pie al lado de su cama.

—¿Confías en mi? —pregunta de repente. Asiento, con los ojos muy abiertos con la
súbita comprensión de que confió en él. ¿Qué me va a hacer ahora? Un estremecimiento
eléctrico zumba a través de mí.
—Buena chica —dice en un respiro, su pulgar deslizándose por mi labio inferior. Se
dirige a su armario y regresa con una corbata de seda gris.
—Pon tus manos juntas en frente tuyo —ordena mientras jala la toalla y la tira al piso.

Hago lo que pide y une las muñecas con su corbata, anudándolas con firmeza. Sus ojos
están brillantes y salvajes, llenos de excitación. Tira del nudo, está asegurado. Tuvo que
haber sido alguna clase de chico explorador para aprender estos nudos. ¿Ahora qué? Mi pulso
se ha ido por las nubes, el corazón latiendo a un ritmo frenético. Pasa sus dedos por
mis coletas.
—Te ves muy joven con estas —murmura y se mueve hacia el frente. Instintivamente,
me muevo hacia atrás hasta que siento la cama contra la parte de atrás de mis rodillas.
Tira su toalla, pero no puedo alejar mis ojos de su rostro. Su expresión es ardiente,
llena de deseo.
—Oh Anastasia, ¿qué te haré? —susurra mientras me baja hacia la cama, acostándose
a mi lado y poniendo mis brazos sobre mi cabeza—. Mantén tus manos aquí arriba, no
las muevas, ¿entiendes? —Sus ojos arden en los míos y estoy sin aliento por su
intensidad. Este no es un hombre con el que me querría cruzar… nunca.

—Respóndeme —exige, su voz suave.
—No moveré mis manos. —Estoy sin aliento.
—Buena chica —murmura y deliberadamente lame su labio lentamente. Estoy
fascinada por su lengua, mientras esta se desliza lentamente sobre su labio superior.

Me está mirando a los ojos, evaluándome. Se inclina y me da un beso limpio, un
rápido beso en mis labios.

—Te voy a besar por completo, señorita Steele —dice suavemente y toma mi barbilla,
alzándola, dándole acceso a mi garganta. Sus labios se deslizan por mi garganta,
besando, chupando y mordisqueando, desde la pequeña caída hasta la base de mi
cuello. Mi cuerpo demanda atención en todas partes. El reciente baño ha dejado mi
piel hipersensible. Mi sangre caliente baja hacia mi vientre, entre mis piernas, justo ahí
abajo. Gimo.

Quiero tocarlo. Muevo mis manos con bastante torpeza, dado que estoy restringida y
siento su cabello. Deja de besarme y alza la mirada hacia mí, agitando su cabeza de un
lado al otro, haciendo un sonido de desaprobación. Alcanza mis manos y las pone de
nuevo sobre mi cabeza.

—No muevas tus manos o tendremos que empezar desde el principio. —Me regaña
suavemente. Oh, es todo un bromista.
—Quiero tocarte. —Mi voz es entrecortada y fuera de control.
—Lo sé —murmura—. Mantén tus manos sobre tu cabeza —exige, su voz fuerte.

Toma mi barbilla de nuevo y empieza a besar mi cuello como antes. Oh… es tan
frustrante. Sus manos bajan por mi cuerpo y sobre mis pechos, mientras alcanza la
inclinación en la base de mi cuello con sus labios. Gira la punta de su nariz alrededor
de ella y entonces, empieza una travesía muy placentera con su boca, dirigiéndose al
sur, siguiendo el camino de sus manos, desde mi esternón hasta mis pechos. Cada uno
es besado y mordido suavemente y mis pezones son chupados tiernamente. Mierda
Santa. Mis caderas empiezan a balancearse y a moverse bajo su propia voluntad, con el
mismo ritmo que lleva su boca en mí y estoy tratando de recordar desesperadamente
mantener mis manos sobre mi cabeza.

—Quédate quieta —advierte, su aliento se siente cálido contra mi piel. Llegando a mi
ombligo, mete su lengua y luego roza suavemente mi vientre con sus dientes. Mi
cuerpo se arquea sobre la cama.
—Eres muy dulce, señorita Steele. —Su nariz se desliza sobre la línea entre mi vientre
y mi vello púbico, mordiéndome suavemente, jugueteando con su lengua. Se sienta de
repente, se arrodilla a mis pies, tomando mis tobillos y abriendo mis piernas.

Mierda Santa. Toma mi pie izquierdo, dobla mi rodilla y lleva mi pie hasta su boca.
Observando y evaluando cada una de mis reacciones, besa con ternura cada uno de
mis dedos y luego muerde cada uno suavemente bajo las almohadillas. Cuando llega a
mi dedo pequeño, lo muerde con más fuerza y convulsiono, gimiendo. Desliza su
lengua por mi empeine. Y no puedo mirarlo más. Es demasiado erótico. Voy a
quemarme. Aprieto mis ojos y trato de absorber y manejar todas las sensaciones que él
está creando. Besa mi tobillo y hace un sendero de besos desde mi pantorrilla hasta mi
rodilla, justo un poco más arriba. Luego, empieza con el pie derecho, repitiendo todo
el seductor y alucinante proceso.

—Oh, por favor —gimo cuando muerde mi dedo pequeño, la acción resonando
profundamente en mi vientre.
—Todas las cosas buenas, señorita Steele —respira.

Esta vez no se detiene en mi rodilla, sigue hasta el interior de mi muslo, separando mis
muslos mientras lo hace. Y sé que va a hacer y parte de mi quiere alejarlo porque estoy
mortificada y avergonzada. Me va a besar ¡ahí! Lo sé. Y parte de mi está haciendo gala
de la anticipación. Se gira hacia mi otra rodilla y me besa hasta los muslos, besando,
lamiendo, chupando y luego está entre mis piernas, deslizando su nariz arriba y abajo
sobre mi sexo, muy suave, muy dulce, me retuerzo… Oh Dios…

Se detiene, esperando a que me calme. Lo hago y alzo mi cabeza para mirarlo, mi boca
abierta mientras los latidos de mi corazón se esfuerzan por salir.

—¿Sabes cuán intoxicante hueles, señorita Steele? —murmura y mantiene sus ojos en
mi, empuja su nariz en mi vello púbico y aspira.

Me pongo de un color escarlata, por todas partes, sintiendo desmayo e
instantáneamente cierro mis ojos. No puedo verlo haciendo esto.

Lame suavemente la longitud de mi sexo. Oh mierda.

—Me gusta esto. —Suavemente tira de mi vello púbico—. Quizás mantengamos esto.
—Oh, por favor —ruego.
—Mmm, me gusta cuando me ruegas Anastasia.

Gimo.

—Ojo por ojo no es mi estilo habitual, señorita Steele —susurra mientras me lame
suavemente de arriba abajo—. Pero me has complacido hoy y deberías ser premiada.
—Escucho la maliciosa sonrisa en su voz y mientras mi cuerpo está cantando por sus
palabras, su lengua empieza lentamente a hacer círculos en mi clítoris mientras sus
manos sostienen mis muslos.
—¡Ahhhh! —gimo mientras mi cuerpo se arquea y convulsiona bajo el toque de su
lengua.

Da vueltas con su lengua, una y otra vez, manteniendo la tortura. Estoy perdiendo
todo sentido de mi misma, cada átomo en mi cuerpo muy concentrado en ese pequeño
y potente vértice entre mis muslos. Mis piernas se ponen rígidas, él desliza su dedo en
mi interior y escucho su gruñido.

—Oh, nena. Me encanta que estés tan mojada para mí.

Mueve su dedo en un gran círculo, estirándome, tirando de mi, su lengua repitiendo
sus acciones y gimo. Es demasiado… mi cuerpo pide ayuda y no lo puedo negar más.

Lo dejo ir, perdiendo todo pensamiento coherente mientras mi orgasmo se apodera de
mí, retorciéndose en mi interior una y otra vez. Santa mierda. Grito y el mundo se
derrumba y desaparece de vista mientras la fuerza de mi clímax hace todo nulo y
vacio.

Estoy jadeando y vagamente escucho el sonido del empaque abriéndose. Lentamente
se acomoda sobre mí y empieza a moverse. Oh… Dios. La sensación es dolorosa y
dulce, fuerte y suave a la vez.

—¿Cómo se siente esto? —dice sin aliento.
—Bien, muy bien —digo. Y empieza a moverse en serio, rápido, fuerte y grande,
entrando y saliendo de mi una y otra vez, implacable, empujándome y empujándome
hasta que estoy de nuevo cerca del límite. Gimo.
—Vente para mi, nena. —Su voz es dura, áspera, cruda en mi oído y exploto alrededor
de él.
—Gracias, joder —susurra, la mete duro una vez más y gime cuando llega a su clímax,
apretándose contra mí. Luego se queda quieto, su cuerpo rígido.

Colapsando sobre mí, siento todo su peso apretándome contra el colchón. Tiro mis
manos atadas sobre su cuello y lo sostengo lo mejor que puedo. Sé en este instante, que
haría lo que fuese por este hombre. Soy suya. La maravilla que él me ha presentado
está más allá de cualquier cosa que pudiese haber imaginado. Y él quiere llevarlo más
lejos, mucho más lejos, a un lugar que no puedo, en mi ignorancia, siquiera imaginar.
Oh, ¿qué hacer?

Se apoya en sus codos y me mira con sus grises e intensos ojos.

—Ves cuán buenos somos juntos —murmura—. Si te entregas a mí, será mucho mejor.
Créeme, Anastasia, puedo llevarte a lugares que ni siquiera sabes que existen. Sus
palabras hacen eco en mis pensamientos. Rozo su nariz contra la mía. Todavía me
estoy recuperando de mi extraordinaria reacción física hacia él y alzo la mirada en su
dirección, sin comprender, buscando algún pensamiento coherente.

De repente, nos damos cuentas de las voces en el pasillo afuera de su dormitorio. Me
toma un momento procesar lo que he escuchado.

—Pero si todavía está en la cama entonces debe estar enfermo. Nunca está en la cama a estas
horas. Christian nunca se queda dormido.
—Señora Grey, por favor.
—Taylor. No puedes alejarme de mi hijo.
—Señora Grey, él no está solo.
—¿A qué te refieres con que no está solo?
—Tiene a alguien con él.
—Oh. —Incluso yo escucho la incredulidad en su voz

Christian parpadea rápidamente, mirándome, con los ojos muy abiertos y llenos de
horror.

—Mierda, es mi madre.

19 comentarios:

  1. humeda es poco, EMPAPADA es lo que estoy... Christian lavame como a Ana.

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  2. Uffff estoy muy excitada grey es lo maximo.

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  3. Uffff estoy muy excitada grey es lo maximo.

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  4. MIL GRACIAS POR SUBIRNOS ESTE LIBRO TAN DELICIOSA Y MALICIOSAMENTE ADICTIVO

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  5. Mierda mi madre jajaajajaja me dio risa yo soy mejor que Ana puedo darte una mamada asta que te salga todo Jajajajajaa

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  6. Jajaajaja.... todas quiciecemos ser ana.

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  7. Ana te envidio tanto :(
    Muchísimas gracias por el libro, llevo días sin poder dejar de leerlo. Gracias.

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  8. Hay jugoso!!!! Comeme a mi!!!

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  9. jajajjaa q su mama llegue en pleno movimiento....por dios !!!!!!!!!!!!!!

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  10. excelente libro para leer en horario de trabajo, asi atendemos a los clientes siempre con una sonrisa. OH POR DIOS!!

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  11. me da ganas de cojer este super libro

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  12. Diosssssssssss Justo Tenia que llegar su mama ? xd jJAJJASJ . Todas quieren ser Ana :33

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  13. Aaahhhhhhhhhh oooooohhh x Dios aayyy estee libro es tan asdnsovj lo amo y seeee es obvio qe qeremos ser ana .....uhhhhhh qe madres tan imprudente jajajajajajajajaja xD justo en pleno acto noooooooooo NO SE VALE jajjajajajaja xD

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  14. que falla llega la mama cuando esta tirando jajjaajajjajaja XD

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  15. Esta genial este libro ajajaj lo mas FAIL que llegue tu mama en plena acción jaja muy bueno

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  16. he sucumbido repito todo el dia toda la noche......... quiero ser ana, soy ana, debo ser ana

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  17. Señoritas y señoras, con todo respeto, si esta lectura le causa tal exitacion, dejenme decirles que entonces sus parejas se comportan bastante flojos a la hora de intimar. no es por alardear pero Christian Grey es como un preescolar a mi lado..... suerte y pongan a sus parejas a trabajar jjjjjjj si no recuerden que simpre esta la mano amiga jjjjjj....

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  18. Estoy tan... oh por Dios, no tengo ni palabra para poder describirlo, ESTO ME ENCIENDE!!!!!!!!!!!!!!

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  19. Si todo esto sale en la pelicula, va parecer una porno ajajajajajaj

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