martes, 23 de abril de 2013

50 Sombras de Grey- Capitulo 7


La primera cosa que noto es el olor; cuero, madera y encerado con un cierto 
aroma cítrico. Es muy agradable, la iluminación es suave y sutil. De hecho no 
puedo ver la fuente de iluminación, pero está alrededor de la esquina de la sala, 
emitiendo una brillante luminosidad de tipo ambiental. Las paredes y el techo son de 
un profundo y oscuro color vino tinto, dándole a la espaciosa habitación un aspecto 
similar al útero femenino. El piso es de madera antigua barnizada. Hay una gran cruz 
fijada en la pared frente a la puerta en forma de X. Está hecha de caoba pulida y hay 
esposas en cada esquina. Por encima, hay una reja de hierro que cuelga del techo. 

Mide por lo menos unos ocho metros cuadrados y de ella cuelgan todo tipo de cuerdas, 
cadenas y relucientes grilletes. A cada lado de la puerta se sitúan dos largos mástiles 
pulidos y finamente tallados como cabezales de una baranda pero más largos, cuelgan 
como cortinas a través de la pared. De ellos, cuelgan un asombroso surtido de paletas, 
látigos, fustas e implementos plumosos de aspecto gracioso. 

Al lado de la puerta hay un baúl de caoba con cajones de tamaño considerable, cada 
cajón es prácticamente minúsculo, como si estuvieran diseñados para contener 
ejemplares de un viejo museo bohemio. Me pregunto, brevemente, cuál será realmente 
el contenido de los cajones. ¿Quiero saber? En el rincón más alejado hay una banqueta de 
cuero acolchada de color granate y justo al lado, está fijado a la pared un estante de 
madera pulida que luce como una base para sostener palos de billar, pero en una 
inspección más cercana, me doy cuenta que sostiene bastones de diferentes longitudes 
y anchos. En la esquina opuesta hay una sólida mesa de seis metros —de madera 
pulida y patas intrincadamente talladas— y dos taburetes a juego por debajo.

Pero lo que domina la habitación es la cama. Es más grande incluso que el tamaño 
extra-grande, de estilo rococó, elaboradamente tallada con cuatro postes y una cima 
plana. Parece de finales del siglo XIX. Bajo el dosel, puedo ver más cadenas y 
relucientes manguitos. No hay ropa de cama… sólo un colchón cubierto de cuero y 
rojos cojines de satén apilados en un extremo. 

A los pies de la cama, a unos cuantos metros, hay un sofá tapizado en granate, justo en 
medio de la habitación, de cara a la cama. Una extraña disposición… tener un sofá 
frente a la cama y me sonrío a mí misma: elijo decir que el sofá es extraño cuando en 
realidad, es la pieza más mundana entre todo el mobiliario de la habitación. Miro 
hacia arriba y me quedo mirando el techo. Hay mosquetones recubriéndolo a 
intervalos impares. Vagamente, me pregunto para qué son. Extrañamente, toda la 
madera, paredes oscuras, débil iluminación y tapicería de cuero granate le dan a la 
habitación algo de suavidad y romanticismo… aunque sé que es todo menos eso. Pero 
creo que esta es la versión suave y romántica de Christian. 

Me volteo. Él está contemplándome atentamente como sabía que estaría haciéndolo, 
su expresión es totalmente ilegible. Me adentro aún más en la habitación y él me sigue. 

La cosa con plumas me ha intrigado. La toco vacilante. Es gamuza, como un pequeño 
gato de nueve colas, pero más espesa. En los extremos tiene cuentas de plástico 
pequeñitas.

—Se llama flogger.22 —La voz de Christian es suave y silenciosa.

Un flogger… Hmm. Creo que estoy conmocionada. Mi subconsciente ha emigrado, se 
ha quedado mudo o simplemente se desplomo y pereció. Estoy entumecida. Puedo 
observar y asimilar, pero no puedo expresar mis sentimientos, porque estoy 
conmocionada. ¿Cuál es la respuesta adecuada al encontrar en un amante potencial a 
un completo sádico o masoquista? Miedo… Sí… Ese parece ser el sentimiento más 
preocupante. Lo reconozco ahora. Pero extrañamente, no temo de él. No creo que él 
vaya a lastimarme, bueno, no sin mi consentimiento. Por lo que un montón de 
preguntas nublan mi mente. ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Con qué frecuencia? ¿Con 
quién? Me acerco a la cama y recorro con mis manos uno de los postes de madera 
tallada. El mástil es muy sólido, una excepcional artesanía.

—Di algo —ordena Christian, su voz es engañosamente suave.
—¿Le haces esto a la gente o ellos te lo hacen a ti?

Su boca se levanta en una sonrisa torcida, con diversión o quizás alivio.

—¿Gente? —Parpadea un par de veces como si considerara su respuesta—. Le hago 
esto a las mujeres que me desean.

No entiendo.

—Si tienes voluntarias más que dispuestas ¿Por qué estoy aquí?
—Porque quiero hacer esto contigo, muchísimo.
—Ah. —Se me corta la respiración. ¿Por qué?

Deambulo hasta la esquina más alejada de la habitación, acaricio el talle superior de la 
banqueta acolchada y deslizo mis dedos sobre el cuero. Le gusta hacer daño a las mujeres. 

El pensamiento me deprime.
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22 Flogger: Implemento usado frecuentemente en el BDSM—Bondage: B Disciplina y Dominación: D Sumisión y Sadismo: S Masoquismo: M— Está compuesto por un mango y varias correas, puede ser usado como látigo; el castigo, o la caricia. Proviene del verbo Flog que significa azotar.
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—¿Eres un sádico?
—Soy un Dominante. —Sus ojos son de un gris abrasador, intensos.
—¿Qué significa eso? —susurro.
—Significa que quiero que voluntariamente te entregues a mí, en todas las cosas.

Frunzo el ceño mientras intento asimilar la idea.

—¿Por qué lo haría?
—Para complacerme —susurra mientras ladea la cabeza hacia un lado y veo el 
fantasma de una sonrisa.

¡Complacerlo! ¡Él quiere que yo lo complazca! Creo que incluso mi boca se abre. Complacer a 
Christian Grey. Y me doy cuanta en ese momento, que sí, eso es exactamente lo que 
quiero. Quiero que esté condenadamente encantado conmigo. Es una revelación. 

—En términos muy simples, deseo que quieras complacerme —dice en voz baja. Su 
voz es hipnótica.
—¿Y cómo lo hago? —Tengo la boca seca y deseo beber más vino. De acuerdo, 
entiendo la parte de complacer pero, ¿en dónde encaja este agradable cuartito de 
torturas isabelino? ¿Quiero saber la respuesta?
—Tengo reglas y quiero que las acates. Están hechas para mi placer y tu beneficio. Si 
sigues estas reglas hechas para mi satisfacción, te recompensaré. Si no lo haces, te 
castigaré y así aprenderás —susurra y le doy un vistazo al estante de bastones en 
cuanto lo dice.
—¿Y en dónde encaja todo esto? —Muevo mi mano abarcando toda la habitación.
—Todo esto es parte del paquete de incentivos. Tanto recompensa como castigo.
—Así que obtendrás gozo por ejercer tu voluntad sobre mí.
—Se trata de ganar tu confianza y respeto, por eso me dejarás ejercer mi voluntad 
sobre ti. Obtendré un gran placer, dicha, debido a tu sumisión. Mientras mayor sea tu 
sumisión, mayor será mi dicha, es una ecuación muy simple.
—Bueno, ¿y qué obtendré yo de esto? 

Él se encoge de hombros, casi en modo de disculpas.

—A mi —dice con sencillez.

Por Dios. Christian desliza una mano entre su cabello cuando me mira.

—No estarás regalando nada, Anastasia, serás retribuida —murmura exasperado—. 
Bajemos las escaleras a donde pueda concentrarme mejor. Es una gran distracción 
tenerte aquí. —Me extiende su mano, la cual ahora estoy reacia a tomar.

Kate había dicho que era peligroso y estaba tan en lo cierto. ¿Cómo lo sabía? Él es 
peligroso para mi salud porque sé que diré que sí. Y parte de mí no quiere. Parte de mí 
quiere salir corriendo, dando gritos, de esta habitación y lo que representa. Estoy tan 
sobrepasada por la situación, fuera de lugar.

—No voy a hacerte daño, Anastasia—. Sus ojos grises imploran y sé que dice la 
verdad. Tomo su mano y entonces, me conduce fuera de la habitación.
—Si haces esto, entonces déjame enseñarte. —En vez de bajar las escaleras, gira a la 
derecha de la “Sala de juegos”, como él mismo le llama y bajamos por un corredor. 

Pasamos varias puertas hasta que nos detenemos en la última. Más allá de ella hay un 
dormitorio con una cama extra grande, todo en blanco… todo: muebles, paredes, ropa 
de cama. Es estéril y fría, pero con la vista más gloriosa de Seattle a través de la pared 
de vidrio.

—Esta será tu habitación. Puedes decorarla como quieras, tener lo que quieras aquí.
—¿Mi habitación? ¿Esperas que me mude? —No puedo ocultar el horror en mi voz.
—No a tiempo completo. Sólo por ejemplo, desde el viernes por la noche hasta el 
domingo. Tenemos que hablar todo eso, negociar. Si quieres hacer esto —añade, su 
voz es calmada y titubeante.
—¿Dormiré aquí?
—Sí.
—No contigo.
—No. Ya te lo dije, no duermo con nadie, excepto tú, cuando estás aturdida el trago. 
—En sus ojos hay reprimenda.

Juntos mis labios en una dura línea. Esto es lo que no puedo conciliar. El amable y 
bondadoso Christian, que me rescata de la embriaguez y me sostiene gentilmente 
mientras vomito en las azaleas con el monstruo que posee cadenas y látigos en una 
habitación especial.

—¿Dónde duermes tú?
—Mi habitación está abajo. Ven, debes tener hambre.
—Extrañamente, parece que he perdido el apetito —murmuro con petulancia.
—Tienes que comer, Anastasia —me reprende y tomando mi mano, me conduce hacia 
abajo.

De vuelta a la imposiblemente gran sala, me lleno de profunda inquietud. Estoy en el 
borde de un precipicio y tengo que decidir si salto o no.

—Estoy plenamente consciente de que es un sendero oscuro por el que te estoy 
conduciendo, Anastasia, por lo que realmente quiero que pienses en esto. Debes tener 
algunas preguntas —dice mientras se pasea por la zona de la cocina, liberando mi 
mano.

Las tengo. Pero, ¿por dónde empezar? 

—Has firmado un CDC. Puedes preguntarme lo que quieras y contestaré.

Me quedo de pie delante de la barra del desayuno, observándolo mientras abre el 
refrigerador y saca un plato con diferentes quesos y dos grandes racimos de uvas rojas 
y verdes. Lo pone en la encimera y procede a rebanar una barra de pan francés.

—Siéntate. —Señala uno de los taburetes de la barra de desayuno y obedezco sus 
órdenes. Si voy a hacer esto, voy a tener acostumbrarme a ello. Me doy cuenta que de 
que él ha sido así de mandón desde que lo conocí.
—Mencionaste un documento.
—Sí.
—¿Qué documento es ese?
—Bueno, aparte del CDC hay un documento que dice lo que haremos y lo que no. 

Tengo que conocer tus límites y tú tienes que conocer los míos. Esto es consensual, 
Anastasia.

—¿Y si no quiero hacer esto?
—No habría problema —dice con cuidado.
—Pero ¿no tendríamos ningún tipo de relación? —pregunto.
—No.
—¿Por qué?
—Este es el único tipo de relación en la que estoy interesado.
—¿Por qué?

Se encoge de hombros.

—Es mi manera de ser.
—¿Cómo te volviste de esta manera?
—¿Por qué cualquiera es de la forma que es? Eso es algo difícil de responder ¿Por qué 
algunas personas adoran el queso y otras lo odian? ¿Te gusta el queso? La señora 
Jones, mi ama de llaves, ha dejado esto para cenar. —Toma algunos platos grandes de 
color blanco de un armario y pone uno frente a mí.

Estamos hablando de queso… Mierda santa. 

—¿Cuáles son las reglas que tengo que seguir?
—Las tengo bajo escrito. Las revisaremos una vez hayamos comido.

Comida. ¿Cómo puedo comer ahora?

—No estoy realmente hambrienta —susurro.
—Comerás —dice simplemente. Christian el Dominante, todo se vuelve claro ahora—. ¿Te 
gustaría otra copa de vino? 
—Sí, por favor.

Vierte vino en mi copa y viene a sentarse a mi lado. Tomo un sorbo apresurado. 

—Sírvete, Anastasia.

Tomo un racimo pequeño de uvas. Esto lo puedo manejar. Entorna los ojos.

—¿Llevas largo rato siendo así? —pregunto.
—Sí.
—¿Es fácil encontrar mujeres que quieran hacer esto?

Enarca una ceja.

—Te sorprenderías —dice con sequedad.
—Entonces, ¿por qué yo? Realmente no lo entiendo.
—Anastasia, ya te lo he dicho. Hay algo en ti. Simplemente no puedo alejarme. —
Sonríe irónicamente—. Soy como la polilla a la llama. —Su voz se oscurece—. Te  quiero de una forma tan terrible, especialmente ahora, cuando estás mordiendo tu labio de nuevo. —Toma una profunda respiración y traga.

Mi estómago se sobresalta, él me desea… de una extraña manera, cierto, pero este 
hermoso, extraño y pervertido hombre me desea.

—Pienso que tienes ese cliché al revés —me quejo. Yo soy la polilla y él la llama y me 
voy a quemar. Lo sé.
—¡Come!
—No, no he firmado nada todavía, así que pienso que tiraré de mi libertad un poco 
más, si eso está bien para ti.

Sus ojos se suavizan y sus labios cambian a una sonrisa.

—Como desee, señorita Steele.
—¿Cuántas mujeres? —Suelto la pregunta. Pero soy muy curiosa.
—Quince.

Oh… no tantas como había pensado.

—¿Por largos periodos de tiempo?
—Algunas de ellas, si.
—¿Alguna vez heriste a alguna?
—Sí.

Santa mierda

—¿Gravemente?
—No.
—¿Vas a herirme?
—¿Qué quieres decir?
—Físicamente, ¿vas a herirme?
—Te castigaré cuando lo requieras y será doloroso.

Creo que me siento un poco débil. Tomo otro sorbo de vino. Alcohol, esto me hará 
más valiente.

—¿Alguna vez has sido golpeado? —pregunto.
—Sí.

Oh… eso me sorprende. Antes de que pueda preguntarle más sobre esta revelación, 
interrumpe mi tren de pensamientos.

—Discutámoslo en mi estudio. Quiero mostrarte algo.

Esto es muy duro de procesar. Allí estaba yo, tontamente pensando que me gustaría 
pasar una noche de pasión en la cama de este hombre y en realidad, estábamos 
negociando este extraño acuerdo.

Lo sigo dentro de su estudio, una espaciosa habitación con otra ventana del piso al 
techo que se abre hacia afuera en un balcón. Se sienta al escritorio, indicándome con 
un movimiento que me siente en un sillón de cuero frente a él y me entrega una hoja 
de papel.

—Estas son las reglas. Pueden estar sujetas a cambios. Forman parte del contrato, que 
también puedes tener. Lee las reglas y las discutiremos.

REGLAS

Obediencia:
La Sumisa obedecerá todas las instrucciones dadas por el Dominante de inmediato, sin 
vacilación ni reservas y de manera expedita. La Sumisa estará de acuerdo con 
cualquier actividad sexual considerada adecuada y agradable por el Dominante, con 
excepción de aquellas actividades que se detallan en los límites de dureza (Anexo 2). 
Lo hará con entusiasmo y sin titubeos.

Dormir:
La Sumisa se asegurará de alcanzar un mínimo de siete horas de sueño por noche 
cuando no esté con el Dominante.

Comida:
La Sumisa comerá regularmente para mantener su salud y bienestar de una lista de 
alimentos (Anexo 4). La Sumisa no ingerirá alimentos entre comidas, con excepción 
de fruta.

Vestimenta
Durante el plazo, la Sumisa vestirá solo lo aprobado por el Dominante. El Dominante 
proporcionará un presupuesto de ropa a la Sumisa, el cual la Sumisa debe utilizar. El 
Dominante deberá acompañar a la Sumisa a comprar sobre una base ad hoc23. Si el 
Dominante así lo exige, la Sumisa deberá usar, durante el plazo, cualquier adorno que 
el Dominante requiera, en presencia del Dominante y en cualquier otro momento que 
el Dominante considere conveniente.

Ejercicio:
El Dominante proveerá a la Sumisa un entrenador personal cuatro veces por semana 
en sesiones de una hora de duración, en horarios de mutuo acuerdo entre el entrenador 
personal y la Sumisa. El entrenador personal reportará al Dominante sobre el progreso 
de la Sumisa.

Higiene personal / belleza:
La Sumisa se mantendrá limpia y afeitada y/o depilada en todo momento. La Sumisa 
visitará el salón de belleza de la elección del Dominante las veces que decida el 
Dominante y se someterá a tratamientos que el Dominante crea convenientes.

Cuidado personal:
La Sumisa no beberá en exceso, no fumará, no tomará drogas recreativas o se 
expondrá a cualquier peligro innecesario.

Cualidades personales:
La Sumisa no tendrá relaciones sexuales con alguien que no sea el Dominante. La 
Sumisa se conducirá de una manera respetuosa y modesta en todo momento. Debe 
reconocer que su comportamiento es un reflejo directo del Dominante. Ella se hará 
responsable por cualquier delito, error o mala conducta cometida cuando no esté en 
presencia del Dominante.

El incumplimiento de cualquiera de los anteriores, resultará en un castigo inmediato, 
cuya naturaleza será determinada por el Dominante.

Santa mierda.

—¿Límites de dureza? —pregunto.
—Si. Lo que no vas a hacer, lo que no voy a hacer, tenemos que especificarlo en 
nuestro contrato.
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23 Ad Hoc: Se refiere al término utilizado por los jueces que literalmente significa “específicamente para este fin”. Es decir que la va a acompañar a comprar ropa solo para el fin del contrato.
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—No estoy segura sobre aceptar dinero para ropa. Se siente incorrecto. —Me muevo 
incómodamente, la palabra con “Jo”24 rápidamente rondando en mi cabeza.
—Quiero despilfarrar dinero sobre ti, déjame comprarte unas cuantas prendas. Quizás 
necesite que me acompañes a algunas funciones y quiero que vistas bien. Estoy seguro 
de que tu salario, cuando consigas un trabajo, no va a cubrir el tipo de ropa que me 
gustaría que uses.
—¿No tendré que usarlos cuando no esté contigo?
—No.
—De acuerdo. —Piensa en ello como un uniforme.
—No quiero ejercicios cuatro veces a la semana.
—Anastasia, te necesito flexible, fuerte y con resistencia. Créeme. Necesitas ejercicio.
—Pero seguramente no cuatro veces a la semana, ¿qué tal tres?
—Quiero que hagas cuatro.
—¿Pensaba que esto era una negociación?

Frunce los labios en mi dirección.

—De acuerdo, señorita Steele, otro punto bien hecho. ¿Qué te parece una hora por tres 
días y un día de media hora?
—Tres días, tres horas. Tengo la impresión de que vas a mantenerme ejercitada 
cuando este aquí.

Sonríe con malicia y sus ojos brillan como aliviados. 

—Sí, lo haré —estuvo de acuerdo—. ¿Segura de que no quieres practicar en mi 
compañía? Eres buena negociando.
—No, no pienso que sea buena idea. —Miro abajo, hacia sus reglas. ¡Depilación! 

¿Depilar qué? ¿Todo? Uf.

—Entonces, límites. Estos son los míos. —Me da otra hoja de papel.
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24 Jo: En el original es la palabra con “Ho” refiriéndose a Holy shit o Holy fuck, pero “la palabra con Sa” no tiene mucho sentido, así que con “la palabra con Jo” se refiere a la segunda imprecación que lanza mentalmente.
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Límites de dureza:
* No actos que involucren encender fuego.
* No actos que involucren micción, defecación y derivados.
* No actos que involucren agujas, cuchillos, piercings o sangre.
* No actos que involucren instrumentos médicos ginecológicos.
* No actos que involucren niños o animales.
* No actos que puedan dejar marcas permanentes en la piel.
* No actos que involucren control de la respiración.

Ugh. ¡Tenía que escribir esto hasta abajo! Por supuesto, todo ello luce muy sensible y, 
francamente, necesario… a cualquier persona sana no le gustaría estar involucrada en 
este tipo de cosas ¿no? Aunque ahora, me siento un poco mareada.

—¿Hay algo que te gustaría agregar? —pregunta amablemente.

Mierda. No tengo idea. Estoy completamente perpleja. Me mira y frunce el ceño.

—¿Hay algo que no quieras hacer?
—No lo sé.
—¿Qué quieres decir con que no lo sabes? 

Me remuevo incómoda y muerdo mi labio.

—Nunca he hecho algo como esto.
—Bueno, cuando has tenido sexo, ¿hubo algo que no te gustara hacer?

Por primera vez en lo que parecían ser años, me sonrojo.

—Puedes decirme, Anastasia. Debemos ser honestos con el otro o esto no va a 
funcionar.

Me remuevo incómoda nuevamente y miro mis dedos entrelazados.

—Dime —ordena.
—Bueno… nunca antes he tenido sexo, así que no sé. —Mi voz se reduce. Lo miro y él 
está mirándome, con la boca abierta, congelado y pálido, muy pálido.
—¿Nunca? —Susurra. Niego con la cabeza.
—¿Eres virgen? —Respira. Asiento con la cabeza, enrojeciendo de nuevo. Cierra los 
ojos y parece como si contara hasta diez. Cuando los abre nuevamente, está enojado, 
mirándome.
—¿Por qué mierda no me lo dijiste? —gruñe.

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